Prevenir desde la infancia

Prevención

Cuando una persona joven sufre una angina de pecho, se sorprende porque le encuentran obstrucciones en las arterias coronarias. La ateroesclerosis siempre se ha relacionado con las personas mayores, pues son las que suelen sufrir las consecuencias. Sin embargo, se sabe que las lesiones iniciales de las placas de ateroma aparecen ya desde la infancia. Con el paso de los años van creciendo y obstruyendo las arterias. Los hombres las padecen más que las mujeres, porque a éstas les protegen las hormonas femeninas, aunque esta protección desaparece después de la menopausia. No se conoce con exactitud el motivo por el que en algunas personas estas placas crecen más que en otras, pero se sabe que existe una serie de factores favorecedores, entre los que destacan: tabaco, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, diabetes, obesidad, dieta rica en grasas animales, sedentarismo y estrés. La herencia influye de forma importante, de manera que estos factores inducen más aterosclerosis en las personas con mayor predisposición genética.

La aterosclerosis afecta a todas las arterias del organismo, pero suele ser más importante en las coronarias, carótidas y arterias de las extremidades inferiores. Por ello son tan frecuentes los infartos de miocardio y la enfermedad cerebrovascular, que son las principales causas de muerte en los países desarrollados.

No se ha encontrado tratamiento verdaderamente efectivo para la aterosclerosis. Generalmente, las placas de ateroma ya evolucionadas no disminuyen y en muchas personas progresan hasta la obstrucción total de las arterias afectadas. Tampoco existe forma de prevención totalmente efectiva. Lo único que se puede hacer es prevenir y tratar los factores de riesgo.

Por ello, se recomienda llevar una vida sana, mediante la adquisición de hábitos saludables, como el abandono del tabaco, la alimentación pobre en grasas animales, la práctica de ejercicio físico, la reducción del peso corporal y evitar el estrés psíquico. Por otro lado, el médico debe diagnosticar y tratar convenientemente a las personas con hipertensión arterial, hipercolesterolemia o diabetes.

Estas recomendaciones se dejan, habitualmente, para los adultos que ya padecen las consecuencias de la aterosclerosis. Sin embargo, todas las personas tenemos placas de ateroma, al menos en sus formas iniciales, y debemos pensar siempre que estas placas pueden estar creciendo, pues no sabemos con seguridad en quiénes ocurre esto y en quiénes no. Por ello, las medidas preventivas deben aplicarse desde la infancia. Tanto en la casa como en el colegio, debe inculcarse a los niños los hábitos de vida saludables.

 

Incidencia de obesidad en niños y adolescentes

La prevención y tratamiento del sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes es importante para su salud por diferentes razones. En primer lugar, el sobrepeso en la infancia y adolescencia se asocia a una mayor probabilidad de aparición de factores de riesgo cardiovascular, tales como diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia. En segundo lugar, el sobrepeso y la obesidad tienen influencia psicológica sobre los niños y repercute en la forma en la que son tratados y aceptados por los demás niños.

Por otro lado, la pérdida de peso y el mantenimiento de la misma posteriormente son difíciles de alcanzar, por lo que el exceso de peso en la infancia y adolescencia es probable que conduzca a sobrepeso y obesidad durante toda la vida. Por último, los niños y adolescentes son más susceptibles a las influencias de la alimentación a base de productos comerciales elaborados ricos en calorías, lo que dificulta aún más la consecución del objetivo de la pérdida de peso.

Según una investigación sobre obesidad infantil que incluyó diferentes estudios realizados en todo el mundo, el índice de masa corporal y la prevalencia de la obesidad aumentó en la mayoría de los países en niños y adolescentes entre 1975 y 2016. Este crecimiento fue paralelo a la obesidad de los adultos hasta el 2.000, pero a partir de entonces el sobrepeso y la obesidad crecieron proporcionalmente más en los adultos en los países más ricos, manteniéndose más estable, con escaso incremento, en los niños y adolescentes.

El motivo del menor crecimiento del índice de masa corporal en niños y adolescentes en los países con mayores ingresos, comparado al de los adultos, no es bien conocido. Puede ser debido a las iniciativas específicas de los gobiernos, escuelas y asociaciones con mayor conciencia pública acerca del sobrepeso y obesidad en niños, que hayan llevado a cambios en la nutrición y la actividad física suficientes para frenar el aumento del índice de masa corporal.

Uno de los mecanismos de las políticas frente al sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes que más se han empleado en los países de mayores ingresos y que mejores resultados han tenido es la aplicación de impuestos especiales para las comidas y bebidas industriales de alto contenido calórico. Esto ha hecho que muchos países estén incorporando estas medidas en sus programas para combatir la obesidad infantil.

Uno de los métodos que probablemente sea más efectivo, pero que ha sido poco promovido, es el de potenciar las ayudas a las empresas que produzcan alimentos más saludables, como son los que incluyen granos enteros, frutas y verduras. También se podría limitar el efecto de las políticas que favorecen a las empresas que producen alimentos poco saludables.

Por último, los programas dirigidos a la población sobre prevención del sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes han permitido un mejor acceso a las intervenciones de salud para el control de peso y la reducción de los efectos negativos de la obesidad. En esto han contribuido la educación sanitaria sobre cambios en la dieta y en la práctica de ejercicio físico, y la detección precoz y tratamiento de la hipertensión, intolerancia a la glucosa y dislipidemia. Por otro lado, el tratamiento de la obesidad, incluyendo la cirugía bariátrica, han contribuido también a la limitación del crecimiento de la obesidad en niños y adolescentes en los últimos años.

La prevalencia de factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares y trastornos metabólicos, especialmente respecto a los carbohidratos y grasas, es muy alta en la población de niños obesos. Esto se ha observado en diferentes estudios sobre la prevalencia de los factores del síndrome metabólico, mediante el examen de la presión arterial, el estado de los lípidos y la glucosa, y la sensibilidad a la insulina. En niños con índice de masa corporal elevado, hasta un 70% tienen sobrepeso, y los restantes obesidad, con un 3% de obesidad severa.

En el total de niños con índice de masa corporal elevado, se llega a encontrar presión arterial alta hasta en un 35% de ellos, niveles elevados de colesterol en un 10% y de triglicéridos en un 8%. Así mismo, se encuentra hiperglucemia hasta en un 5% de estos niños, intolerancia a la glucosa hasta en un 20% y niveles elevados de insulina dos horas después de la carga de glucosa en el 35%. Estos resultados varían de unos estudios a otros, pero destacan la necesidad de detectar, en los exámenes médicos generales, el sobrepeso y la obesidad, así como los hábitos alimentarios, en los niños y adolescentes, para aplicar precozmente las medidas de prevención y los correspondientes tratamientos.