La angina de pecho es una sensación de dolor o molestia en el pecho o zonas cercanas, causada por una isquemia miocárdica reversible, es decir, una reducción temporal del flujo sanguíneo al músculo cardíaco que no produce infarto. También se conoce como ángor.
Desde el punto de vista clínico, se considera angina inestable cuando hay un cambio agudo en la circulación coronaria sin llegar a provocar infarto. En este caso, no hay muerte celular, a diferencia del infarto de miocardio, donde sí se produce necrosis del tejido cardíaco.
La angina inestable suele manifestarse con un aumento en la intensidad, duración o frecuencia de los episodios. Se estima que en un 15% de los casos puede evolucionar a un infarto agudo de miocardio. La mortalidad durante el primer año tras el diagnóstico alcanza el 10%, lo que hace crucial identificar a los pacientes con mayor riesgo.
Generalmente, la angina inestable es provocada por la fisura o ruptura de una placa de ateroma. Esto desencadena la agregación de plaquetas y la vasoconstricción de las arterias coronarias, disminuyendo el flujo sanguíneo al corazón.
Tipos de Angina Inestable
Existen distintas formas clínicas de presentación de la angina inestable:
- Angina de reposo.
- Angina de reciente comienzo: cuando los síntomas han iniciado en el último mes (o hasta dos meses, según algunos autores).
- Angina progresiva: cuando una angina previamente estable empeora en intensidad, duración o frecuencia.
- Angina postinfarto.
- Angina variante o de Prinzmetal: aunque se presenta en reposo y comparte algunas características, se debe a mecanismos fisiopatológicos diferentes, por lo que muchos expertos no la consideran como una forma de angina inestable.
Tratamiento y Manejo
El abordaje de la angina inestable depende de varios factores pronósticos extraídos de la historia clínica y las pruebas complementarias. Estos determinan el tipo de tratamiento a seguir.
Los pacientes con dolor torácico más intenso o prolongado, y con alteraciones en el electrocardiograma o análisis de sangre, presentan mayor riesgo. Estos casos requieren hospitalización en unidades coronarias.
El tratamiento suele ser más agresivo, incluyendo cateterismo cardíaco, posible dilatación de arterias obstruidas, uso de antiagregantes plaquetarios y anticoagulantes para reducir complicaciones y mejorar el pronóstico a largo plazo.


